UN SIMPLE LUNARCITO

 

Por: María Soledad Aluma T.*

 

Javier llegó un día común y corriente a mi consultorio. La primera imagen que recuerdo de él, es su entrada por la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja y una energía desbordante.

 

—¿En qué le puedo ayudar?— Le dije pensando, que en ese momento, tal vez yo podría verme más enferma que él.

 

—Vengo por este lunarcito— Y señaló con su dedo realmente un “lunarcito” del tamaño de una lenteja, localizado en todo el lóbulo de su oreja.

 

—Mi esposa me tiene loco que me lo revise y a eso ya se han unido varios de la oficina.

Javier era jefe, esposo, padre, hermano, hijo y un tenista de afición maravilloso. Estaba a unos meses de obtener su jubilación y ya estaba planeando cómo acoplarse a esa nueva etapa de su vida.

 

Miré dicho lunarcito. Le dije que no se preocupara, que íbamos a sacarlo.
Programamos el procedimiento y días después, llegó la entrega del resultado: Melanoma invasor Breslow de 4 mm. Quedamos los dos fríos al saber la noticia. De pronto sacó una sonrisa nerviosa de algún escondite de su ser, para terminar diciéndome:


—Bueno, vamos para adelante.

 

Y así lo hizo por casi 2 años, fue para adelante, siempre con ese optimismo ejemplar, pasando por cirugías, radioterapias y quimioterapias. Dejando su última esperanza en cada nueva opción de tratamiento disponible.

 

La última vez que lo vi, fue cuando lo visité en el hospital donde estaba internado. Había acabado de salir de una cirugía en su cabeza para tratar de controlar una metástasis cerebral que lo estaba incomodando. Esta vez fui yo la que entró por la puerta, pero fue nuevamente Javier quien me recibió con una sonrisa de oreja a oreja y aquella energía que lo caracterizaba.

 

—¿Qué tal mi nuevo look?— Fue su primera pregunta, mientras me señala su cabeza rapada y vendada. Sólo pude responder torpemente diciendo —me gusta, te queda perfecto.


Nos quedamos unos minutos viendo un partido de tenis, me habló de varios proyectos que tenía para el próximo año. Le dije que todo saldría bien, pero no lo volví a ver.

Al final, Javier jugó el partido de su vida con todas las fuerzas, pero un simple lunarcito le ganó el último set.

 

Para él, y para todos los que como Javier se tropiezan con un “lunarcito” que trunca sus sueños, dedicamos este artículo, y gran parte de mi trabajo, para que sus luchas no queden en vano, y finalmente, ¡sean ellos los que ganen el partido!

 

* La doctora María Soledad Aluma Tenorio es Dermatóloga y Cirujana de Mohs (cáncer de piel) de Aurora Centro Especializado en Cáncer de Piel y Directora de la Fundación Cáncer de Piel Colombia.

 

 

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