• Grey Facebook Icon
  • Grey Instagram Icon

© 2019

VITAMINA D

LO QUE DEBES SABER SOBRE LA VITAMINA D

 

Todos necesitamos vitamina D.  Ésta favorece al crecimiento y fortalecimiento de los huesos, por lo que su deficiencia aumenta el riesgo de sufrir enfermedades como raquitismo en los niños, y osteoporosis y osteomalacia en los adultos.  La vitamina D está relacionada también con el buen funcionamiento del sistema inmunológico e incluso algunas especialidades médicas han asociado su déficit con otras enfermedades.

 

Cuando la piel se expone a la luz del sol, se produce en el organismo vitamina D.  Los rayos ultravioleta de tipo B interactúan con una proteína que se encuentra en la piel llamada 7-DHC, lo que la convierte en vitamina D3, que es la forma activa de la vitamina D.

 

El problema viene del concepto que tienen muchas personas sobre el uso regular de protector solar y de otras medidas de protección como factores que favorecen a la deficiencia por vitamina D, sumado a la idea de que la mejor forma de obtener esta vitamina es a través de la exposición al sol con la piel no protegida.  Sin embargo, esta conducta también ocasiona serios problemas en la salud de la piel.

 

Niveles saludables de vitamina D

Aunque actualmente no existe un consenso sobre los niveles óptimos o que indican deficiencia de la vitamina D.  Sin embargo, los valores más utilizados en la práctica son:

 

 

Beneficios de la vitamina D y riesgos de su deficiencia

La vitamina D interviene en la regulación del calcio, lo que favorece a tener huesos fuertes.  Las personas con deficiencia de vitamina D pueden presentar síntomas como calambres, debilidad muscular y dolor óseo.  En casos severos, se puede producir retardo en el crecimiento, deformidades esqueléticas, osteoporosis y fracturas.

En los últimos años se ha descrito incluso la relación de la deficiencia de vitamina D con otras enfermedades como cáncer, enfermedades cardiacas, diabetes tipo 1, artritis reumatoide y esclerosis múltiple, sin embargo, estas asociaciones se basan en estudios observacionales, y este tipo de investigaciones no son suficientes para generar recomendaciones médicas.

 

Beneficios de la protección solar y riesgos de la exposición solar

En contraste con los estudios anteriores, existen numerosas investigaciones que prueban los beneficios de la protección solar.  Estudios con mayor peso epidemiológico han mostrado que el uso regular de un protector solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FSP) mínimo de 15, reducen el riesgo a desarrollar tumores como el carcinoma escamocelular en un 40 por ciento, melanoma en un 50 por ciento y envejecimiento prematuro en un 24 por ciento.

 

A nivel molecular se ha probado que la radiación ultravioleta causa daño en el ADN de las células de la piel, lo que genera mutaciones genéticas que pueden derivar en un cáncer cutáneo.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado a la radiación ultravioleta emitida por el sol y por las cámaras de bronceo como un carcinógeno humano, ya que existen pruebas que muestran que se relaciona con el 90 por ciento de todos los casos de cáncer tipo no melanoma y el 86 por ciento de los casos de melanoma.  Además, la radiación ultravioleta puede producir daño en los ojos, los cuales se presentan como cataratas, pterigios y cáncer. 

 

¿El uso regular del protector solar produce deficiencia de vitamina D?

Los protectores solares con altos niveles de factor de protección solar están diseñados para filtrar la mayor parte de la radiación tipo UVB producida por el sol o por las cámaras de bronceo, y la razón por la cual así se han diseñado es porque este tipo de energía es la principal relacionada con quemaduras en la piel, y también con la aparición de cáncer cutáneo.  De igual manera, los rayos UVB también son responsables de la producción de vitamina D en la piel.  A pesar de esto, cabe resaltar que ningún estudio clínico ha demostrado que el uso diario del protector solar lleve a la deficiencia de vitamina D.  De hecho, las personas que usan regularmente protector solar pueden mantener niveles adecuados de esta vitamina.

 

La razón para que lo anterior suceda es porque independiente de la frecuencia con que el protector solar se use o el tipo de factor de protección solar que se aplique, siempre llegarán rayos a la piel que no alcanzan a ser filtrados o absorbidos por el protector.  Incluso se sabe que protectores con un FPS de 15 filtran el 93 por ciento de los rayos UVB, un FPS de 30 filtra un 97%, y un FPS de 50 filtra un 98%.  De este modo, siempre queda un 2 a un 7% de estos rayos que llegan a la piel, y que pueden ser suficientes para la síntesis de la vitamina D.  Es importante además anotar que estos porcentajes son válidos si el protector solar se aplica de forma correcta en cantidad y frecuencia, de lo contrario la cantidad de radiación solar que llega a la piel es incluso mayor.

 

¿Quiénes están en mayor riesgo de tener deficiencia de vitamina D?

La posibilidad de tener deficiencia de vitamina D está ligada con factores ambientales, físicos y personales, por tal razón se recomienda tratar solo a las personas a las cuales se les haya identificado deficiencia de esta vitamina.

 

 

Están en riesgo para tener déficit de vitamina D los siguientes grupos poblacionales:

Aquellos que vivan en países con estaciones, ya que en las épocas de invierno se reduce el nivel de radiación UVB en la superficie de la tierra.  Esto no sucede en los países tropicales, pues los niveles de este tipo de RUV no varían en el año.  Igualmente pueden estar en riesgo:

  • Embarazadas

  • Mujeres en período de lactancia

  • Niños menores

  • Ancianos

  • Personas que viven recluidas en instituciones

  • Personas de piel oscura

  • Personas que usan vestimentas que cubren la mayor parte de su piel

  • Pacientes que han tenido cáncer de piel

  • Personas que evitan el sol

 

Daño en la piel antes de notarlo

Se sabe que el cuerpo no necesita de mucho tiempo de exposición al sol para producir vitamina D.  Incluso algunos recomiendan la exposición de la piel sin protección por un período de 10 a 15 minutos por 2 a 3 veces a la semana, y luego aplicar protector solar.  Esta mínima exposición es suficiente para producir toda la vitamina D que el cuerpo necesita.  De hecho, después de alcanzar el nivel necesario, el cuerpo desecha el exceso de vitamina D, por lo cual períodos mayores de exposición al sol, no traen ningún beneficio y sí aumentan el riesgo de daño.

 

Sin embargo, exponer la piel al sol de forma no protegida por 10 a 15 minutos, es un período suficiente para empezar a dañar el ADN celular, y este daño se vuelve crónico, acumulativo e irreversible, lo que lleva a sumar mayores mutaciones que incrementan el riesgo a desarrollar un cáncer de piel en algún momento de la vida.  Infortunadamente, la misma radiación UVB que favorece a la síntesis de vitamina D, también produce quemaduras en la piel y mutaciones genéticas que pueden provocar un cáncer cutáneo.  Y esto sin mencionar, a la radiación ultravioleta de tipo A (UVA), también producida por el sol, la cual se relaciona con envejecimiento prematuro, al igual que con el desarrollo de cáncer cutáneo.  En el año 2015, un estudio publicado en la revista Science demostró que el daño producido por los rayos UVA  pueden empezar en menos de un minuto de exposición al sol, y que el daño ocasionado a los melanocitos (las células que producen el pigmento en la piel), continua incluso horas después de terminar la exposición solar.  Esta alteración de los melanocitos puede terminar en el desarrollo de un melanoma, el cual es una de las formas más agresivas y mortales de cáncer de piel.

 

Debido a la rápida aparición de daño del ADN con el sol y a los efectos deletéreos y acumulativos que produce la radiación ultravioleta de tipo A y B, los dermatólogos recomiendan el uso diario de protector solar de amplio espectro y que tenga un FPS mínimo de 15.  Pero además, sugieren el uso de otras medidas como buscar la sombre en horas de mayor radiación, al igual que el uso de ropa con protección solar que incluya sombreros anchos y gafas con lentes que filtren estos rayos.

 

La comunidad médica también es enfática en recomendar el evitar usar cámaras de bronceo como medida para sintetizar vitamina D, ya que estos equipos emiten principalmente rayos de tipo UVA, y este tipo de radiación no favorece a la producción de esta vitamina, y si al envejecimiento prematuro y al desarrollo de cáncer de piel.

 

Mejores opciones

La principal consideración a tener en cuenta es cómo obtener suficiente vitamina D sin exponer la piel  a la radiación ultravioleta.  Y la respuesta está documentada de forma contundente: a través de la alimentación y suplementos vitamínicos.  Pescados como el salmón, jurel, trucha, sardinas y atún son fuentes ricas en vitamina D.  Otros alimentos con menores cantidades son las yemas de huevo, el hígado y el queso.  Además alimentos como la leche y el jugo de naranja, suelen ser fortificados con esta vitamina, lo que debe estar descrito de forma explícita en la etiqueta.  Al incluir estos productos en la dieta, se puede obtener un aproximado de 600 Unidades Internacionales (UI), lo cual es recomendado para una persona entre el año y los 70 años de vida.  Para los niños menores de un año se recomiendan 400 UI y para los mayores de 70 años es aconsejable 800 UI. 

 

Otra de las fuentes ricas en vitamina D es el aceite de hígado de bacalao.  Una cucharada proporciona 1360 UI, es decir, más del doble de lo que se necesita diariamente.

 

Si con la alimentación no se pueden alcanzar las dosis necesarias, la toma de suplementos vitamínicos es una buena opción.  Las dosis usualmente recomendadas están entre 800 y 2000 UI.  Dosis mayores pueden producir efectos adversos como el exceso de calcio en la sangre y riñones, nauseas, vómito y cambios en las funciones mentales.

 

Antes de comenzar con una dosis de suplemento vitamínico, es recomendable consultar con su médico, quien deberá determinar la deficiencia a través de un examen de sangre.

 

En conclusión, los alimentos, los suplementos vitamínicos, y la exposición ocasional de la piel protegida con protector solar, son medidas suficientes para producir la cantidad necesaria de vitamina D que el cuerpo necesita, sin poner en riesgo la salud de la piel por exposición al sol o a las cámaras bronceadoras.